
Esta historia trata de un súper agente, el espía numero 001. Como todas las mañanas, el espía 001, se dirigía al cuarto de baño para ducharse, en cuanto encendió la luz se llevó la sorpresa de que, en vez de arrojar luz sobre la habitación, esta se oscureció aún mas, lo volvió a intentar pero era imposible, cada vez que la corriente traspasaba los filamentos de la bombilla la habitación se oscurecía por completo. Pensando que serían problemas de visión, después de desayunar, se montó en el coche, un magnífico coche típico de espías, con toda clase de artilugios, y , para mayor comodidad, el coche hablaba. Al espía le basto con decir: `` Al oculista más cercano´´, el coche respondió con una voz robótica, inexpresiva:`` En seguida, señor´´. Y en un abrir y cerrar de ojos se hallaba en uno de los mejores oculistas de la ciudad, digno de un espía que debe estar atento a cualquier mínimo movimiento. Para sorpresa del espía, tenía la vista perfectamente, más que perfecta, una vista magnífica. Volvió a casa y, yendo en el coche, recibió un mensaje de voz de su jefe en la agencia. Como nuestro espía es muy bueno pero no tanto, necesitó sacar una libreta pequeña de su bolsillo, abrió una cápsula del coche y sacó un bolígrafo, lo puso sobre la libreta y apuntó sus nuevas instrucciones para la misión. Ésta consistía en detener al ladrón de la luz. Como cualquier persona se sorprendió y le pareció hasta cómico pero, recordando su percance con la bombilla del cuarto de baño, no le pareció una idea tan disparatada. Programó su coche hacia la guarida secreta de la agencia de espías, se bajó y se acercó al despacho del jefe (perdonad si no doy nombres, son espías ). Estuvieron hablando sobre el caso, dada su complejidad necesitó unos artilugios especiales, para esto fue al laboratorio. Nada más entrar en esa sala llena de batas blancas, se le vino un olor a consulta de dentista, después de echar un vistazo a la habitación y verla tan limpia decidió lavarse las manos para no manchar nada y no molestase a esas personas que parecían murciélagos, siempre en el laboratorio con sus probetas, creía que si estornudaba un montón de miradas caerían sobre el. Cogió la pastilla de jabón del baño más cercano y se lavó las manos. Para su asombro solo consiguió ensuciárselas más, manchó probetas, pipetas, vasos de precipitado... armó tal estropicio que fue echado de la agencia, éste fue el fin del agente 001.
JESÚS MANCHÓN VÉLEZ
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